El poder de las historias

El Atleti ha sido un equipo muy poderoso. Durante décadas compitió con Barcelona y Real Madrid, con Bayern y Manchester United, con cualquiera. Un día de San Isidro perdimos la oportunidad de ser campeones de Europa y se empezó a contar la historia de la mala suerte y de la buena afición. Poco a poco se fue consolidando a base de escándalos, de malas decisiones deportivas y sociales y de una respuesta de la grada impropia de su pasado. Hoy somos una entidad mediana con la mala suerte de tener una afición a punto de tirar la toalla. Mientras, el capitán que tiró el brazalete al campo se va a comer con el presidente que perdía muchos títulos cuando los ganábamos.
El sistema financiero español ha sido muy poderoso. Durante décadas compartió con las constructoras el control económico de España. Sus carteras industriales, de crédito y de negocios eran uno de los pocos motores de la economía. Pero, poco a poco, se ha ido consolidando la historia de unas entidades financieras culpables de la crisis. Los pecados de la banca internacional se han extrapolado con excesiva facilidad a la nacional y , hoy en día, todo el mundo “sabe” que la crisis se debe a que los bancos no quieren prestar.
Como deberíamos recordar, los bancos venden sus productos en un mercado libre de oferta y demanda. Cuando ves en un cartel que Cajamadrid ofrece depósitos (con garantía del Estado hasta 100.000 euros) al 3,25% anual (euríbor más 2%) y tu vecino te cuenta que su hipoteca en Cajamadrid le va a costar este año el 1,79% (euríbor más 0,5%), empiezas a preocuparte. Cuando lees que la morosidad ha llegado al 4,99%( cinco de cada cien euros prestados no se devuelven), piensas que los bancos no pueden tener toda la culpa. No parece fácil que presten mucho en una economía en la que consumo e inversión caen y; por tanto, la demanda de financiación. Nadie acusa a los inmobiliarios de no querer vender casas.
El Atleti necesita una nueva historia. Una historia real, anclada en la situación mediocre para buscar un camino realista de mejora que no genere más frustración. Necesita nuevos personajes, nuevos retos, nuevos medios y, sobre todo, un final de cada capítulo menos infeliz.
Los bancos necesitan una nueva historia. Una historia de independencia del poder político, de confianza recíproca con sus clientes, de precios realistas y ajustados a los riesgos, de empleados motivados y de accionistas o beneficiarios de la Obra Benéfico Social satisfechos en sus expectativas.
Feliz Navidad 2010.

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